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¿CUÁNTO MAR OCUPA REALMENTE LA SALMONICULTURA CHILENA?

¿CUÁNTO MAR OCUPA REALMENTE LA SALMONICULTURA CHILENA?

Por Esteban Ramírez, gerente técnico de Salmones Blumar.

Chile es, por definición, una nación oceánica. Con más de 4 mil kilómetros de costa lineal y un mar territorial que triplica nuestra superficie terrestre, el océano forma parte de nuestra geografía, nuestra historia y nuestra forma de relacionarnos con el mundo. En ese contexto, no resulta extraño que una de las principales actividades productivas del país se haya desarrollado precisamente en el mar.

La salmonicultura, que tiene su hogar en los fiordos y canales del sur austral, se ha consolidado como una de las industrias alimentarias más relevantes de Chile, generando empleo, impulsando economías regionales y llevando productos de origen nacional a millones de consumidores en distintos continentes.

Pero más allá de su importancia económica y social, existe una pregunta que pocas veces se responde con datos concretos: ¿cuánto espacio ocupa realmente la salmonicultura dentro del extenso territorio marítimo chileno?

A menudo, la percepción visual desde una embarcación o un avión en zonas específicas puede darnos la idea de una ocupación masiva. Del mismo modo, si observamos un mapa del sur de Chile, con sus miles de islas, canales y fiordos, es fácil suponer que una actividad de esta magnitud requiere enormes extensiones de mar. Sin embargo, cuando dejamos de lado esa primera impresión y observamos los datos cartográficos y las cifras oficiales, la realidad es bastante más acotada.

Una gota en el océano

Si sumáramos todas las concesiones acuícolas otorgadas en Chile –incluyendo no solo salmones, sino también mitílidos y algas– la superficie total apenas alcanza una fracción mínima del espacio marino nacional.

Según los registros de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca), el área destinada a la salmonicultura en las regiones de Los Lagos, Aysén y Magallanes representa menos del 0,1% de la Zona Económica Exclusiva de Chile. Exactamente, el espacio físico ocupado de forma efectiva –balsas jaula y plataformas– abarcan un 0,004% del mar patrimonial del país.

Para ponerlo en una imagen cotidiana, si el mar territorial chileno fuera una cancha de fútbol, la salmonicultura no alcanzaría a ocupar ni siquiera el tamaño de una moneda de diez pesos puesta sobre el pasto.

Un dato que ayuda a dimensionar la actividad es que las 1.380 concesiones de acuicultura para salmónidos existentes en las regiones de Los Lagos, Aysén y Magallanes –según registros de Subpesca a agosto de 2025– representan aproximadamente 15.325 hectáreas, lo que supone menos del 0,1% de nuestra Zona Económica Exclusiva. Aunque la cifra puede parecer significativa en términos absolutos, corresponde a una fracción muy acotada del espacio marítimo disponible en el sur austral de Chile.

Esto se debe a que la salmonicultura no puede desarrollarse en cualquier lugar. Su ubicación responde a condiciones ambientales específicas que determinan la viabilidad de los cultivos y la planificación de largo plazo de la actividad.

Hacer más con menos

Más allá de cuánto espacio ocupa, un aspecto interesante es cómo se utiliza ese espacio. La salmonicultura permite producir proteína de alta calidad en áreas relativamente acotadas, gracias a condiciones naturales específicas y a una planificación técnica rigurosa.

La ubicación de un centro de cultivo depende de una combinación de factores ambientales y oceanográficos muy específicos. A diferencia de otras actividades productivas, la salmonicultura no puede desarrollarse en cualquier sector del mar.

  1. Uno de los elementos más importantes es la renovación de oxígeno. Los salmones requieren agua en movimiento constante, por lo que las corrientes y mareas cumplen un rol fundamental al renovar naturalmente el oxígeno disponible y favorecer el intercambio de agua dentro del sistema.
  2. La profundidad también es un factor clave. Un centro de cultivo necesita una columna de agua suficiente entre las estructuras de cultivo y el fondo marino, lo que permite mantener adecuadas condiciones ambientales y facilita los procesos naturales de dispersión y renovación del ecosistema.
  3. A esto se suma la geografía característica de los fiordos y canales del sur de Chile. Estas áreas ofrecen condiciones de resguardo frente al oleaje y eventos climáticos, lo que contribuye a la seguridad de las operaciones y al bienestar de los peces durante todo su ciclo productivo.

Es precisamente la combinación de estas condiciones –corrientes adecuadas, profundidad suficiente y protección natural– la que explica por qué la salmonicultura se concentra en determinadas zonas del sur austral y no puede desarrollarse indistintamente en cualquier punto del litoral chileno.

El salmón también tiene la particularidad de ser una proteína animal sumamente eficiente en el uso de recursos. En términos de uso de suelo, producir 100 gramos de proteína de salmón requiere apenas 3,7 metros cuadrados de espacio, una cifra infinitamente menor frente a los 102 metros cuadrados que demanda la carne vacuna (es decir, unas 27 veces menos superficie).

Esta misma eficiencia se evidencia en el consumo de agua. Mientras que producir un kilogramo de proteína de salmón requiere 2.000 litros de agua, la carne de pollo demanda 4.300 litros, el cerdo alcanza los 6.000 litros y la carne de vacuno se dispara hasta los 15.400 litros.

Mientras que la ganadería terrestre requiere grandes extensiones para pastoreo o producción de forraje, la salmonicultura aprovecha la columna de agua. En un centro de cultivo moderno, los peces ocupan apenas cerca del 2% del volumen de una jaula, mientras que el 98% restante corresponde a agua en constante movimiento, renovada naturalmente por corrientes y mareas.

Más allá de las hectáreas

Cuando se habla de salmonicultura, muchas veces existe la percepción de que las áreas otorgadas están completamente ocupadas de manera permanente. Sin embargo, la realidad de la operación es sustancialmente más acotada. De las 1.380 concesiones existentes en el sur austral, solo cerca de un 29% se activa de manera simultánea cada año (aproximadamente 400 centros de cultivo), abarcando un espacio de unas 4.681 hectáreas.

Para graficar esta escala de forma muy sencilla: si reuniéramos todos esos centros de cultivo que están activos al mismo tiempo y los ordenáramos sobre una superficie terrestre, ocuparían apenas el equivalente al 3% de la ciudad de Puerto Montt.

Gracias al sistema de Agrupaciones de Concesiones de Salmónidos (ACS), conocidas como “barrios”, los centros de cultivo operan bajo ciclos coordinados que incluyen producción, monitoreo ambiental y períodos obligatorios de descanso sanitario. Esto significa que una misma concesión alterna etapas de cultivo con etapas sin peces, como parte de una gestión planificada del espacio marítimo.

Por eso, la conversación sobre el uso del mar no se trata únicamente de cuántas hectáreas ocupa una actividad, sino también de cómo se administra ese espacio a lo largo del tiempo. La salmonicultura convive con otros usos del borde costero y requiere una planificación constante, apoyada por nuevas tecnologías de monitoreo y gestión. Entender cuánto espacio ocupa la actividad es importante, pero tan relevante como eso es comprender cómo ese espacio se utiliza de manera responsable y coordinada.

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