Por Pedro Pablo Laporte, gerente de Salmones Blumar; y Gabriel Jerez, gerente de Farming de Salmones Blumar
La salmonicultura es una de las actividades productivas más dinámicas del sur de Chile y, por lo mismo, una de las industrias alimentarias más observadas a nivel global. Como toda actividad que interactúa con el entorno natural, es fuente de preguntas legítimas sobre su funcionamiento. Hoy, la respuesta a esas inquietudes no reside en percepciones, sino en una evidencia científica y tecnológica que ha transformado la cara de la industria en la última década.
Liderar esta actividad significa transitar desde la producción tradicional hacia una acuicultura de precisión. La buena noticia es que, actualmente, Chile cuenta con tecnologías de vanguardia y estándares de fiscalización que permiten asegurar un desarrollo sostenible y transparente para alimentar a millones de personas alrededor del mundo.
Inteligencia artificial para proteger el entorno
Uno de los hitos más significativos en la gestión técnica moderna es la optimización de la alimentación. Actualmente, los centros de cultivo de Blumar operan como verdaderos laboratorios digitales.
Utilizamos sistemas de monitoreo con cámaras submarinas de alta definición y sensores que, apoyados en algoritmos de inteligencia artificial, permiten observar el comportamiento del pez en milisegundos. Esta tecnología nos indica con exactitud científica cuándo el salmón está satisfecho, deteniendo el suministro de forma instantánea.
La eficiencia aquí es doble: contribuimos a reducir significativamente las pérdidas de alimento, dado que con una estrategia de entrega de más a menos durante el día, y con señales adecuadas de saciedad, se logra optimizar tanto el desempeño productivo como la gestión ambiental de los centros de cultivo. En la acuicultura moderna, cada grano de alimento cuenta, y su gestión es una pieza clave de nuestra responsabilidad ambiental.
Inocuidad alimentaria: el estándar de exportación como garantía
La sanidad animal es un pilar fundamental que abordamos bajo el concepto de medicina preventiva. Cuando es estrictamente necesario aplicar tratamientos sanitarios, lo hacemos bajo protocolos de bioseguridad que están entre los más rigurosos del mundo.
Un concepto técnico clave aquí es el Periodo de Carencia o Resguardo. Se trata de un tiempo controlado –que en Blumar extendemos rigurosamente más allá de lo exigido por la norma– para asegurar que el pez metabolice cualquier tratamiento de forma natural antes de su cosecha, cumpliendo con las exigencias de cada uno de los mercados de destino.
Para garantizar esto, cada lote de salmones es sometido a análisis de residuos en laboratorios independientes certificados por Sernapesca, cumpliendo con las exigencias de mercados de élite como Estados Unidos, Japón y la Unión Europea. El resultado es un producto que cumple con los límites y exigencias establecidos por las autoridades regulatorias y los mercados de destino.
En esa misma línea, la sanidad animal es uno de los pilares de la producción de salmón y está respaldada por protocolos estrictos de prevención, monitoreo y control. Cuando se requiere la aplicación de tratamientos antibióticos, estos se realizan exclusivamente bajo prescripción veterinaria para enfermedades diagnosticadas, nunca como promotores de crecimiento o de manera preventiva rutinaria.
Además, antes de la cosecha deben cumplirse períodos de carencia obligatorios que permiten asegurar que el producto cumpla con las exigencias de inocuidad de Chile y de los mercados internacionales. Este cumplimiento es verificado mediante análisis realizados por laboratorios acreditados y controles efectuados por la autoridad sanitaria.
Reducir progresivamente el uso de antibióticos es uno de los principales desafíos de la salmonicultura moderna. En el caso de Blumar, la compañía ha disminuido en un 16% su uso de antibióticos respecto de 2017 y se comprometió, junto al programa impulsado por la ONG internacional Monterey Bay Aquarium, a seguir avanzando en metas de reducción y mejora sanitaria.
Este trabajo ha sido acompañado por medidas preventivas en salud animal, vacunación, bioseguridad y bienestar de los peces. Como resultado, cinco centros de cultivo de Blumar obtuvieron en 2025 la certificación PROA (Programa de Optimización en el Uso de Antimicrobianos) en categoría libre de antibióticos.
El sistema de rotación y descanso
Contrario a la idea de una ocupación estática, la salmonicultura actual opera bajo un esquema de dinamismo ecosistémico. A través de las Agrupaciones de Concesiones de Salmónidos (ACS), o “barrios”, coordinamos ciclos productivos que incluyen periodos obligatorios de descanso sanitario. Durante estos meses, los sitios permanecen sin actividad humana ni presencia de peces, permitiendo que los procesos naturales del ecosistema continúen antes de iniciar un nuevo ciclo productivo. Este modelo de descanso rotativo es esencial para la salud del ecosistema y es lo que permite que la actividad sea sostenible en el largo plazo, respetando los ciclos vitales del mar austral.
Una dieta evolucionada: hacia la soberanía de la proteína marina
La composición del alimento es quizás donde la ciencia ha dado sus pasos más largos. Hemos pasado de dietas dependientes de recursos marinos a una fórmula multiorigen altamente eficiente, manteniendo los requerimientos esenciales del pez para su buen crecimiento y desarrollo, pero a su vez generando alternativas de materias primas para hacer las dietas menos dependientes de insumos marinos.
Hoy, el alimento de nuestros salmones integra además de insumos marinos, proteínas vegetales (como lupino y trigo), levaduras y aceites de microalgas ricos en Omega-3. Esta innovación permite que el salmón chileno sea hoy un “productor neto de proteína”: gracias a su eficiente capacidad de conversión alimentaria, la industria entrega al mundo mucho más volumen de pescado de alta calidad del que requiere para su crecimiento. Es una de las formas más eficientes de producir proteína animal de alto valor nutricional.
La mejora continua como único rumbo
La sostenibilidad no es un estado estático, sino un proceso de mejora continua. Desafíos como la adaptación al cambio climático, la convivencia con otros usos del borde costero y el fortalecimiento de la prevención sanitaria son algunos de los temas que impulsan la innovación y el desarrollo de nuevas soluciones para la actividad.
En Blumar, entendemos que una conversación informada sobre la salmonicultura debe basarse en la transparencia y en la evidencia. La industria ha experimentado una transformación profunda durante las últimas décadas, incorporando nuevas tecnologías, mayores estándares de control y una mejor comprensión de los ecosistemas donde opera. El desafío es seguir avanzando en esa dirección, fortaleciendo una producción de alimentos que combine eficiencia, responsabilidad y mejora continua.